Psicología

cómo mantener una conversación a la altura del interlocutor

>

Seguramente en algún momento de tu vida te ha pasado, en ocasiones tenemos que mantener conversaciones con otras personas en las que no tenemos muchas ganas de hablar y menos dar nuestra verdadera opinión sobre un tema en particular y que no tenemos idea del asunto.

Nos puede ser útil en nuestra vida social aprender ciertos trucos para poder eludir a nuestros interlocutores con desparpajo, soltura y un poquito de gracia, y poder salir airosos de cualquier conversación, esquivando además los peligros que guardan ciertas opiniones llenas de veneno. A continuación te ofresco algunos trucos útiles para ser un gran conversador a los ojos de los demás.

Cómo mantener una conversación a la altura del interlocutor

Remansos de oratoria: nos referimos a tener a mano un número de temas inofensivos pero interesantes que nos permitan hacer observaciones generalistas, aunque quizá de poco valor, y tan enmarañadas que sólo un experto en la materia puede desenmascarar nuestro pequeño “engaño”.

Si sacamos una conversación de “Física Cuántica”, el principio más conocido de la misma es el “principio de incertidumbre”. Hacer comentarios sobre el mismo pondrá colorado a más de uno.

Otra conversación puede ser sobre “Historia de los templarios” aprendiéndonos el nombre de un par de Órdenes, como la de Malta y la del Temple, donde dejaremos a los demás con la boca abierta. Pero advertimos: antes de embarcarnos en un tema, conozcamos previamente un poco a los invitados en la tertulia y conversemos con ellos ligeramente para saber qué temas evitar, no vaya a ser que tengamos a un físico o un historiador de la Edad Media entre los asistentes.

Otros tiempos siempre fueron mejores: los adjetivos son palabras que describen algo y que se pueden aplicar a muchos temas. Si nos piden nuestra valiosa opinión acerca del autor de un libro, del director de una obra de teatro, de una película u otra cosa, y no tenemos ni idea del asunto, podremos salvar la hora contestando “prefiero sus primeras obras, son más frescas y espontáneas” o bien “prefiero sus obras posteriores, muestran su madurez y profundidad”

Dar a entender que conocemos un poco de todo da buena imagen
Negar a medias: En una charla con eruditos, con personas cultas o versadas en cultura, si por ejemplo nos preguntan “¿Ha leído usted ‘El Lazarillo de Tormes’?” podemos contestar fehacientemente “No últimamente”. Probablemente nunca lo has leído. Cuando tocó en el colegio esta lectura, tú sufriste las paperas, que te obligó a estar en cama casualmente el mes que duró el trabajo de dicho libro. Pero ¿por qué vas a desentonar ante esta persona en una conversación que tiene intención de ser muy agradable?

Nos lo pueden poner incluso más difícil, preguntándonos si hemos leído ‘El Infierno’, de Dante. ¿Cómo crees que se quedaría tu interlocutor si le contestaras “No en español”? Le darías a entender que sí habías leído la obra, que conocías perfectamente al escritor italiano del siglo XIV y que no te conformabas con una traducción al español. Seguramente el 98% de los mortales dejaría la conversación de inmediato, para no dar a entender su falta de conocimientos “tan profundos” como los tuyos.

Banalidades útiles: aquí informaremos a los demás de un dato poco conocido y trivial en un momento estratégico de la conversación, para dar la impresión de estar a la altura de las circunstancias sin realmente estarlo. Seguro que conocemos anécdotas de personas famosas o de hechos históricos que podemos adaptar a multitud de situaciones.

Claves para mantener una conversación a la altura del interlocutor
Verdades irrefutables: en muchas ocasiones nos hemos encontrado en la situación de que alguien nos pregunta “y usted, ¿qué opina al respecto?”, mientras nuestra mente estaba a mil kilómetros de distancia pensando en el trabajo, en el resultado del partido de futbol, en las vacaciones o en nuestra pareja. Si decimos lo que verdaderamente pensamos, quedaremos como unos idiotas. Bien. Para evitarlo, podemos memorizar estas tres frases y aplicarlas según nos apetezca: “Depende, hay muchos matices”, “Las cosas son distintas de donde yo soy” y “No se puede generalizar en un tema como este”.

Buenas evasivas que nos harán salir de una encerrona. Pero si aun así nos enfrentamos a un impertinente grosero que nos quiere hacer quedar como tontos, debemos mantener la calma, pues siempre tenemos varias salidas. Seguimos entonces practicando ejercicios de memoria. Aprendamos la cita del físico danés Niels Bohr, “Hay verdades triviales y grandes  verdades. Lo contrario de una verdad trivial es a todas luces falso. Lo contrario de una gran verdad es también verdad”. Y en cuanto lo digas, escapa del círculo de la conversación dignamente (anda por un refresco, al baño o a saludar a una tercera persona) o bien desvía la atención con un tropezón inoportuno, un estornudo o un ataque de tos incontrolable.

En definitiva, no tenemos por qué saber de todo y menos en cualquier circunstancia. Tampoco tenemos por qué dar siempre nuestra verdadera opinión. Potenciar nuestras habilidades sociales con pequeños trucos siempre será positivo para guardar la ropa y seguir nadando en este mundo que nos rodea, con tiburones por todas partes.

Déjame tus comentarios aquí :-)

Comentar

Instagram